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INTERVIU La tribu del padre Ángel

REDACCION | Miércoles 31 de agosto de 2016
En toda España no hay iglesia como esta: confesiones en mesa camilla, reparto de cafés, agua para mascotas, máquina expendedora de ayuda alimentaria y agencia de viajes gratis para sin techo. Además, atención médica en la sacristía e improvisado albergue nocturno entre bancos y santos. Un curioso clan de voluntarios y necesitados se congrega en San Antón.

Sor Consuelo es una monja mercedaria, enfermera, que ha pasado décadas asistiendo a tuberculosos en África. Es uno de los motores del dispensario Camilla de la Misericordia, que el padre Ángel ha montado en la sacristía de su parroquia, San Antón, en el centro de Madrid. Igual lava los pies a un mendigo que sale a buscar a uno de los enfermos habituales por el barrio de Chueca. “Echábamos de menos a Fausto en el consultorio. Le localizamos en la plaza, estaba fatal, le alojamos en un hostal porque se negaba a ir a un hospital”, cuenta.

Es un apostolado de calle más pragmático que clerical. Así son los aires que corren por la iglesia del padre Ángel, una parroquia de puertas abiertas, las 24 horas, y donde hasta los confesionarios han perdido sus celosías. Los sacerdotes imparten la absolución en torno a una mesa camilla, a los pies de altares presididos, como es preceptivo, por imágenes de santos.Este verano, la inagotable apuesta del padre Ángel por integrar ha logrado llevar a una treintena de personas sin hogar a la playa, a Santander. Fuera del sistema. Jesús es habitual de la iglesia y del consultorio. Superviviente de la movida madrileña, compuso más de un himno de la época. Tiene 55 años y arrastra lustros de depresión. Las penalidades de la vida le han dejado casi sin voz y con bastantes kilos menos de lo saludable. “Llegué muerto de frío y encontré refugio, cariño y un café caliente. Conocí la iglesia por casualidad y aquí me sentí abrazado”, relata.El doctor Jesús García Pérez, promotor de la Camilla de la Misericordia, apunta: “Lo que más necesitan quienes nos visitan es hablar. Es gente que no tiene a nadie y está muy herida. Muchos están en el ‘borderline’ psiquiátrico”.El padre Ángel presenta con sencillez su iniciativa: procurar atención a los sin techo, ser la conexión con la red sanitaria oficial.

“El ochenta por ciento de los que acuden son gente que ha perdido el trabajo y todo se desmorona a su alrededor, todo cae, familia, hogar…”. Le parece lógico que la Iglesia se ocupe de lo divino y lo humano. Y para hacerlo, hay que estar cerca de la gente y de sus necesidades. “Como dijo el Papa Francisco”, añade. Quienes no tienen hogar ni dinero acaban en los márgenes del sistema y sin asistencia médica. “Aunque tengan derecho a ella, algunos tienen miedo de acudir, piensan que les van a pedir papeles, que no les atenderán por vivir en la calle”, dice el sacerdote. Ideas como esta le han granjeado una simpatía incluso entre no católicos que ha cristalizado en una campaña en la red para promulgar su candidatura al Premio Nobel de la Paz. En poco más de mes y medio ha logrado más de 103.000 firmas.En colaboración con el doctor García Pérez, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Social, el padre Ángel logró una asistencia sanitaria que no pregunta por adscripciones religiosas ni cotizaciones. “Primero pensamos en montar una caravana de la salud por barrios marginales. Luego surgió esta a raíz de la homilía del Papa Francisco sobre abrir las iglesias”, cuenta el médico.

En unos meses, la idea ha enrolado a catorce voluntarios: médicos de familia, un pediatra, psicólogos, un psiquiatra, un fisioterapeuta, una farmacéutica, una administrativa y una abogada. Llegan, como los usuarios, por el boca a boca y se quedan, coinciden, porque ayudar “es gratificante y engancha”.Emilio, de cuarenta y tantos años, lleva un año deambulando por Madrid. Ha incorporado la iglesia de San Antón como punto cardinal de su brújula errática. Acude a tomar café, al dispensario médico o a dormir. “La calle es muy agresiva –sentencia–. Lo destroza todo, y a las personas, más. El simple hecho de dormir vestido provoca infecciones en las zonas genitales, escoceduras...”, explica Emilio.

Encuentra aquí el reportaje completo. http://www.interviu.es/

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