Ruiz-Mateos citaba a empresarios en su casa y los grababa para extorsionarlos
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REDACCION
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redaccionguadanewses/9/9/19
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:14h
Hace unas semanas, Víctor de la Cruz, chofer y guardaespaldas durante años de José María Ruiz-Mateos, denunció públicamente que "el jefe me ordenaba seguir a banqueros para hacerles fotos con sus queridas y amenazarles luego con hacerlas públicas si no le daban créditos". SIGUE
Pero parece que ese tipo de prácticas era sólo la punta del iceberg. Según han declarado varios testigos en la Audiencia Nacional, Ruiz-Mateos grababa también a empresarios, políticos e incluso periodistas, en su propia casa, en Somosaguas, ofreciéndoles regalos o dinero, con el fin de tratar luego de extorsionarlos si era necesario.
Uno de los primeros en reconocerlo ha sido Félix Uceda, exgerente del Rayo Vallecano y considerado ahora uno de los 27 testaferros del empresario jerezano.
Declaración de testigos
En su declaración ante el juez Pablo Ruz, que está instruyendo el caso por la presunta estafa de los pagarés, reconoció las grabaciones cuando se le preguntó por Alfonso Barón, el sobrino que organizó todo el entramado internacional para desviar capitales. "Yo... perdón. Alfonso Barón no he despachado con él. Le conozco de... de comidas, en la casa, que saben... vamos, no digan 'saben', se hacían comidas con empresarios y con más gente... incluso algunas se grababan", aseguró. Y no es el único.
Otros directivos apuntan también en la misma dirección. "No creo que llegaran a extorsionar realmente a nadie, pero es cierto que todo se grababa por si se podía utilizar en un futuro", asegura Joaquín Yvancos, abogado de la familia durante los últimos 30 años, que está declarando como testigo protegido ante la Fiscalía y que defiende además ahora los intereses de un gran número de inversores.
"A mí me pedían buscar a empresarios de primer nivel, políticos y gente con influencia. A todos ellos se les citaba en Somosaguas, y allí se les intentaba grabar en situaciones comprometidas. Por ejemplo, aceptando regalos. En realidad, la mayoría, sabiendo de quien se trataba, no acudía. Pero había otros que sí", cuenta un antiguo directivo de Nueva Rumasa, que prefiere mantener el anonimato por miedo a represalias.