12 de diciembre de 2019, 17:22:30
OPINIÓN


“La Quintina”, un oasis culinario en plena Gran Vía de Madrid

Por Lord Charles Albert


Mi primer contacto con el mundo del teatro fue cuando todavía llevaba pantalones cortos.

Empecé haciendo de aprendiz de mueblista en una compañía de la vedette de revistas de Addy Ventura, continué de telonero (el que sube y baja el telón de boca del escenario) y terminé de jefe de tramoyistas montando grandes espectáculos tales como, entre otros “La Traviata” o “Carmina Burana” con el Orfeón Donostiarra.

Desde entonces, siempre que mi escaso tiempo de ocio me ha permitido, no he dejado de asistir a los grandes estrenos teatrales o producciones musicales de cierta importancia que han nutrido la cartelera madrileña.

Y desde el mítico “El diluvio que viene” hasta el incomparable montaje en Madrid de “Los Miserables”, pasando por las grandes producciones musicales de “Cats”, “El Fantasma de la Ópera” o “Miss Saigon” con helicóptero incluido aterrizando en el escenario, en el populoso y siempre concurrido broadway neoyorquino, he disfrutado de grandes veladas artísticas, para mí mucho más placenteras y gratificantes que las horas de cola de pie derecho y el palizón que siempre supone visitar, por ejemplo, el museo del Louvre, la National Gallery de Londres o el madrileño museo del Prado.

Todo es arte, según dicen, pero yo prefiero y disfruto más, sentado en mi butaca viendo una producción teatral que terminar con los pies hechos polvos después de una jornada maratoniana para ver “de corrido” apenas una parte de una exposición de un tal pintor en un museo… pero bueno, cada uno, tiene sus preferencias…

Traigo todo esto a colación, porque desde muy joven, siempre que iba al teatro a Madrid, tenía necesidad de que, una vez cultivado el espíritu con las musas teatrales, había que atender debidamente al cuerpo, es decir, al estómago.

Y ahí es donde conocí, en plena Gran Vía madrileña, un bar/restaurante, de los que canta Sabina, que montaron en su día, unos emprendedores y visionarios hermanos originarios de Guijuelo, y que tenía como plato estrella el auténtico jamón de bellota 100% ibérico. Todavía me emociono cuando recuerdo esos platos de jamón, a la luz de la luna, con un buen pan blanco del que hoy apenas se encuentra (España se está quedando sin panaderos, el precocinado y las baguettes están acabando con el oficio noble de combinar, agua, harina y una pizca de sal. Eso y no otra cosa…, es el pan).

El famoso local denominado “El Jamonal”, cambió de dueños, se ha adecuado a los tiempos modernos, y hoy se llama “La Quintina”. Pero en “La Quintina” de hoy día, siguen manteniendo una de las mejores relaciones calidad/precio de los platos de jamón de Madrid, sin tener que empeñar un riñón para pagar la cuenta en estos locales de moda,(que aparecen como setas) donde ponen como reclamo el auténtico Jamón ibérico…

“La Quintina” tiene tres espacios bien diferenciados: una barra al uso, con esta nueva moda de mesas altas, un comedor agradable donde charlar y tener una comida con los amigos o celebrar un cumpleaños y una magnífica terraza, en pleno centro de Madrid, donde poder disfrutar y degustar de la auténtica cocina española y madrileña. Que nadie busque aquí la denominada alta cocina o la cocina de fusión “con toques vanguardistas de autor”, pretexto inmejorable para darte un buen sablazo a la cartera…

En “La Quintina” hay que pedir Jamón, hay que probar la Ensaladilla rusa con gambas y ventresca, más que satisfactorios son los Chipirones encebollados con Ali-Oli negro, sorprendentes los Deliciosos Raviolis de Rabo de Toro con setas y trufa, un bacalao impresionante, un Entrecot de Vacuno., más que notable…en definitiva una Cocina de producto bien resuelta, sin engaños ni ampulosidades.

Recomiendo pedir platos para compartir, y así probar de todo un poco, ya que las raciones son más que generosas.

El ticket medio suele salir entre los 30/35 euros. Para los amantes de la cerveza, disponen de una amplia variedad de cervezas artesanales, pero como yo prefiero el vino, siempre elijo los Ribera y los Riojas de los que tienen unos dignos representantes.

En la agradable terraza de “La Quintina”, siempre concurrida, es fácil encontrarse departiendo mantel y comida con los empleados de la Cadena SER, los trabajadores de El Corte Inglés o los siempre incansables turistas (nacionales o extranjeros) que hacen un descanso en su ajetreada jornada de “shopping” en la Gran Vía madrileña, o simplemente, cumplen con la tradición de comprar un décimo de lotería en “Doña Manolita”.

Así que, ya lo saben, si quieren encontrar un remanso de paz, después de un día agotador de compras o de teatro/cine en la Gran Vía madrileña, nada más reconfortante, relajante y refrescante que dejarse caer por la terraza de “La Quintina” y disfrutar, comiendo y fumando (si quiere) , del mayor espectáculo el mundo : el ir y venir de la gente.

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