29 de febrero de 2020, 13:17:02
OPINIÓN

Cartas al Director


Agradecimiento al personal de Ambulancias, Urgencias, Traumatología, Quirófano y Rehabilitación del Hospital de Guadalajara



Mi nombre es LHH, el pasado 24 de noviembre quedará marcado para mí inicialmente como poco afortunado, soy un vecino más de Guadalajara, en un día cualquiera, eso sí gris, lluvioso, de esos que damos en denominar “tristes”.

Ese día y de una forma inoportuna tuve un percance, de los que nunca esperas que ocurra, aunque en tu vida hayas corrido un millón de riesgos superiores a andar por la calle, sin otra preocupación que la de alcanzar un local cercano donde has quedado con un amigo.

En este punto del escrito mencionar que creo de corazón, que varias de las condiciones que se dieron para que me ocurrirá la caída se podrían haber evitado, pero ese es otro tema.

De eso va todo, de una caída, de un momento tan rápido en tu vida que apenas te deja sentir que ésta cuanto menos va a cambiar, que te dejará una muesca y no poco profunda, y te ves allí roto en suelo, diciendo a un amigo que te quiere ayudar

que no lo haga que no sabes lo que tienes, pero que te duele infinito y que sabes que te has roto por dentro.

Desde aquí cualquier cosa que pudiera contar estará marcada por el dolor, no solo de aquello que todavía que no sabes que tienes, sino por el dolor del alma, de verte tirado en la calle, doblado para que duela menos, viendo la cara de preocupación de tus amigos que ya han avisado a la ambulancia, y te han arropado para que no te quedes frio y en su caso no te mojes, en fin hasta aquí intentar describir lo que no se puede si no se ha sentido.

Ahora, el sentido de este escrito, el dejar constancia de la labor de unas personas que más allá de desarrollar sus funciones profesionales, inherentes al cargo que ocupan y el salario que perciben, expresar mi profundo agradecimiento por hacer ese trance tan duro más llevadero, permitiendo no solo soportar el dolor, sino recomponer en la medida de lo posible la rotura del ánimo que es la más dura de reponer.

Los sanitarios del vehículo del Sescam, como me recogieron del asfalto, como supieron trasmitirme que el dolor de estabilizarme sería lo mejor para mí en las fases posteriores, su delicadeza y cariño al trasladarme a urgencias del Hospital Universitario de Guadalajara, su ánimo, su grita que sabemos que duele y te alivia, no puedo describirlo sin percibir la emoción en mi piel, a ello/as, sinceras e infinitas gracias.

Al personal de urgencias, su celeridad en percibir que estas mal, que necesitas algo que alivie el dolor, su manera de trasladarte de cama, pasar por Rayos y percibir el mimo con que te mueven, como si de porcelana se tratará y siempre, siempre con una palabra dulce o de ánimo, que se une al cariño de tu ser querido para conformar la mejor medicina que te pueden dar en ese momento, a todos ello/as, sinceras e infinitas gracias.

Al personal de la Planta 6ª, Traumatología, que a pesar de que les alertas de tu especial afición a la queja, no solo la soportan, sino que lejos de desalentarse se empatizan para hacerte ese duro momento más llevadero, los celadores en los traslados, las cuidadoras auxiliares en el duro trance del aseo y limpieza, las enfermera/os en el seguimiento médico, a todos ello/as, sinceras e infinitas gracias.

Al personal de quirófanos, el sosiego, la calma dentro de esa tempestad que son capaces de trasmitir no solo ayudan, sino que reconfortan ante el duro tramite de la operación, anestesistas por su celo y delicadeza, y por su especial animo el doctor Fabian, sincero, cercano, amable, casi amigo para que puedas recordar ese momento de una forma menos traumática, joven pero seguro, pedagogo, pero por encima de todo y aunque del Atlético (es broma), muy, pero que muy humano, a todos ellos/as, sinceras e infinitas gracias.

Qué decir del equipo de rehabilitación, difícil tarea recomponer y volver a hacer funcionar algo roto, cuando es el cuerpo de una persona dañada hasta en el alma, ellos lo hacen con dedicación, disciplina, y no poco dolor, pero desde el prisma del cariño y cercanía, a todos ello/as, sinceras en infinitas gracias.

En definitiva a todos ello/as, y a los que por olvido que no por agradecimiento, mis más sinceras e infinitas gracias, sobre todo cuando esta tarea y a mi modesto y espero educado modo de entender lo hacen con una precariedad de medios, sobre todo de estructuras, que asemeja al mandar a la batalla a un guerrero con espada de madera, lo que hace que su tarea se engrandezca aún más si cabe.

Desde aquí y con la esperanza de que esto lo lea alguien de los que se denomina gobernante, y aun con el respeto de saber que nos es tarea fácil, por favor seamos capaces de dotar de lugares adecuados a las personas que dedican su vida a atender a los demás en el momento en que más lo necesitan, es decir cuando están dañados, Guadalajara merece un hospital más moderno, y por encima de todo más limpio, que no solo permita un adecuado lugar para atender a los enfermosos, sino para facilitar esta tareas con eficacia a los grandísimos profesionales y seres humanos que las realizan.

En tanto esta petición que no deja de ser básica se cumple, decirle a todo el personal del Hospital Universitario de Guadalajara que tendrán mi afecto, cariño y reconocimiento para siempre.

Fdo :: Luis Hervás Hernando
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