23 de septiembre de 2020, 12:43:22
GUADALAJARA


Doña Blanca de Borbón volverá a Sigüenza en las XVII Jornadas Medievales

Se van a celebrar en Sigüenza los días 08, 09 y 10 de julio próximos, y honran, y dan protagonismo cada año, a la memoria de esta desdichada reina, que permaneció confinada cuatro años en el Castillo de Sigüenza

Por REDACCION


Las Jornadas Medievales de Sigüenza van a llegar este año a su XVII edición. La celebración, en la que participa toda la ciudad, que se engalana para la ocasión, gira en torno a uno de los personajes seguntinos más conocidos, aparte de El Doncel: la reina doña Blanca de Borbón, que en el siglo XIV vivió confinada en el castillo seguntino, tras ser repudiada por su esposo, el rey castellano Pedro I. La ciudad se engalana para la ocasión y se llena de puestos y mercaderías medievales, que completa un programa que va a ser presentado próximamente.

Doña Blanca llegó demasiado tarde a Castilla para celebrar su boda con Don Pedro. Casada muchos meses antes por poderes en Francia, su viaje hasta Valladolid fue muy lento, según las crónicas y documentos de la época, en primer lugar por la envergadura de su propio equipaje (en el que destacaba su riquísimo ajuar, cuya confección había sido muy laboriosa lo que contribuyó al retraso), y sobre todo, por los problemas que desde el principio hubo entre la corte francesa y la castellana en el pago de los plazos acordados de la dote.

El contrato matrimonial de Doña Blanca, que era hija de Don Pedro, Duque de Borbón, y sobrina del rey de Francia, se ratificó por este último el 7 de julio de 1352 y por el rey castellano el 4 de noviembre de ese mismo año. Fue entonces cuando, desde Paris, acompañada de su madre, la reina viajó por Beaucaire y Nimes hasta Narbona, donde llegó el 26 de noviembre. Allí se detuvo unos meses por los problemas surgidos con el impago del primer plazo de la dote. Antes de proseguir su camino, se trasladó a Avignon para entrevistarse con el nuevo Papa Inocencio VI, pues acababa de morir Clemente VI, quien había sido el promotor de su enlace con el rey castellano. Desde allí viajó a Barcelona a principios de febrero del 1353 y a finales del mes llegó por fin a Valladolid.

Pero el monarca no acudió inmediatamente a esta ciudad para la boda real, pues en los meses de espera había conocido a Doña María Díaz de Padilla, de la que se enamoró apasionadamente y quien le dio una hija, Beatriz, nacida el 22 de marzo de ese año, 1353. Por estas razones es comprensible que Don Pedro se mostrase reticente a casarse con Doña Blanca, y aunque el matrimonio se celebró efectivamente el 3 de junio, no es de extrañar que aprovechase el impago de la dote para repudiar a su esposa y volver junto a Doña María. Esta decisión enfrentó directamente al rey con su valido, Don Juan Alfonso de Alburquerque, a quien consideraba responsable de haberle ocultado la incapacidad de Francia de asumir los pagos. Pocos meses después la crisis se agudizó y el rey se enfrentó al Papa y a la nobleza castellana al casarse con Doña Juana de Castro tras anular su boda con Doña Blanca.

Con el apoyo del Papa, parte de los nobles castellanos, entre los que destacan Alburquerque y los hermanos bastardos de Don Pedro, los Trastámara, se pusieron del lado de la reina y se levantaron contra el rey. Éste ordenó entonces el traslado de Doña Blanca al alcázar de Toledo, pero ella se refugió en la catedral con la ayuda de los obispos de Segovia y Toledo. Cuando por fin se trasladó al alcázar, la ciudad en pleno le mostró su apoyo, lo que impulsó la causa nobiliaria y puso en dificultades al rey. La muerte de Alburquerque permitió una primera entrevista entre los representantes de la nobleza y Don Pedro, que no logró la paz anhelada. Meses después el rey acudió a Toro, para un nuevo encuentro con los nobles, y entonces fue hecho prisionero. Logrando escaparse y refugiarse en Segovia.

El emisario del Papa, junto a otros obispos, entre los que destaca el de Sigüenza, Don Pedro Gómez Barroso, lanzaron entonces la excomunión contra el rey. Su respuesta no se hizo esperar, y muy pronto atacó Medina del Campo y Toledo. Reducida la resistencia de esta ciudad, en mayo del 1355, el rey alejó de la misma a Doña Blanca, que acompañada por Juan Fernández de Hinestrosa, fue trasladada a Sigüenza, cuyo castillo acababa de recibir, al habérselo quitado el rey a su obispo, encarcelado en Aguilar de Campoo. El Papa envió un nuevo legado para resolver la situación de la reina, logrando la libertad del obispo seguntino, que se trasladó a Avignon, pero no la de la propia reina. Pocos meses después la causa nobiliaria se derrumbó, logrando el rey pacificar su reino.

Todos estos hechos los narra con detalle el cronista don Pedro López de Ayala en su Crónica del rey Don Pedro, y es a él a quien debemos los detalles minuciosos de los acontecimientos que sucedieron en los años siguientes, entre los que destaca la Guerra contra Aragón, motivada sobre todo por el apoyo del rey Don Pedro IV al levantamiento de los nobles castellanos. Los triunfos del rey castellano trajeron como consecuencia una tregua. Antes de iniciar la fase marítima de la contienda, el rey, en un ambiente de intrigas y deserciones, mandó asesinar a varios nobles, entre los que destacan sus hermanos bastardos, Fadrique y Juan. Para logra una nueva tregua fue enviado de nuevo un legado papal, cuyas negociaciones fracasaron. Y en el marco de esta situación, en 1359, fue cuando Don Pedro decidió trasladar a la reina Doña Blanca de Sigüenza a Jerez de la Frontera.

Había vivido pues la reina durante cuatro años confinada en el castillo seguntino y es ese traslado uno de los acontecimientos históricos que se recrean en las Jornadas Medievales de Sigüenza.

Hasta 1361 continuaron las guerras con Aragón, que concluyeron con la paz de Terrer. Fue por aquellos años cuando murió en Medina Sidonia la reina Doña Blanca, asesinada por un ballestero según sostienen algunos, aunque otros opinan que envenenada o simplemente víctima de una enfermedad. Ocho años después, caería asesinado el rey Don Pedro, y aunque en las Jornadas Medievales se recrea este hecho, siempre se recuerda que no ocurrió en el castillo de Sigüenza, sino en los campos de Montiel.
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