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El Pósito celebró el primer centenario de su rehabilitación como teatro
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El Pósito celebró el primer centenario de su rehabilitación como teatro

Lo hizo con una intervención de Juan Carlos García Muela, que resumió la historia del último siglo

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El 28 de julio de 1917 se inauguró la rehabilitación de El Pósito como un Teatro digno de la ciudad, por el que venía suspirando desde hacía mucho tiempo. Este viernes, cuando se cumplían exactamente cien años de aquel hecho, Juan Carlos García Muela, quien fuera alcalde de la ciudad entre los años 1986 y 1990, recordó con detalle la historia del edificio. Intervino primero el actual alcalde de la ciudad, José Manuel Latre. “Desde su nueva inauguración El Pósito es el centro cultural y artístico de la ciudad, donde se representan conciertos, conferencias y, donde a lo largo de este mes de julio ha habido una completa programación cultural que se prolongará después en agosto”, expuso Latre. Además, el alcalde señaló que el centenario demuestra que los seguntinos saben conservar la historia, y que, al mismo tiempo, dan pie a que las generaciones hagan lo mismo..

Juan Carlos García Muela, exalcalde seguntino, resumió la historia de los últimos cien años del edificio. Fue en 1916, cuando el decidido empeño de la población, movilizada por un grupo de seguntinos que no dudaron poner toda la carne en el asador para sacar adelante el proyecto, logró que se involucraran los sectores sociales, y para dar una idea de ello, hubo jornaleros que se ofrecieron para trabajar unos días de forma gratuita, ya que pecuniariamente no podían ayudar.

Los Pósitos fueron declarados de utilidad y necesidad pública por las Cortes de Valladolid en 1555. Treinta y ocho años más tarde el Ayuntamiento reconoció la falta de un granero, pósito o alfolí, y se concedió licencia para su construcción. La obra la comenzó Andrés Carrera, la continuó Francisco Vinuesa y la finalizó Juan de Bega, maestro de obras de la Catedral. Construcción sólida que ha sobrevivido a guerras, invasiones, incuria, abusos y distintas tropelías. A partir de 1906, los Pósitos pasaron a depender del Ministerio de Fomento y de los ayuntamientos. El paso del tiempo y la falta de actividad dejaron marcada su huella negativa, utilizándose en precario como local para las representaciones teatrales de las compañías profesionales que se encontraban de paso y también por grupos de seguntinos y veraneantes.

La sociedad formada para afrontar la construcción de un teatro emprendió su andadura en octubre de 1916. En diciembre, el ayuntamiento dio su autorización para que no hubiera ningún obstáculo legal y la sociedad pudiera administrar el funcionamiento. Una vez decidido el emplazamiento, entre construir uno de nueva planta o aprovechar las instalaciones de El Pósito, los trabajos efectivos comenzaron en febrero de año siguiente y finalizaron en mayo. Después, la ornamentación y mobiliario se fueron completando hasta primeros de julio en que el teatro quedó definitivamente terminado. Aquel local tenía 30 metros de largo, 12 de ancho y 8 de altura. Construido de piedra de sillería y mampostería. La techumbre estaba sostenida por 5 arcos. A la entrada, el vestíbulo con el bar y guardarropa.

Los aficionados locales no se atrevieron a preparar y representar una obra teatral para la inauguración. Cedieron el testigo a la Compañía profesional de don José Vila que puso en escena dos obras: Serafín el Pinturero, o “contra el querer no hay razones”, sainete lírico, en dos actos, que se había estrenado en Madrid en mayo de 1916 y El amigo Melquiades, o “por la boca muere el pez”, zarzuela en un acto, también estrenada en Madrid en mayo de 1914. Sobresalieron las tiples Antonia Mora y Pepita Álvarez y el maestro de música don José Manuel Campos.

A lo largo de la vida artística de El Pósito se fueron alternando distintas actuaciones teatrales con sesiones de cine. Las compañías profesionales de teatro, a su paso hacia Madrid o Zaragoza, representaban distintos tipos de obras de rabiosa actualidad. Seguntinos y veraneantes preparaban obras, declamaciones, actuaciones musicales y recitales para recaudar fondos destinados a fines sociales.

El 23 de septiembre de 1928, ardió el teatro Novedades de Madrid produciendo 80 víctimas mortales y más de 200 heridos de distinta consideración. La consecuencia inmediata fue la suspensión de actividad de todos aquellos recintos que no reunieran ciertas condiciones mínimas de seguridad. La más importante era poseer un telón metálico para separar el escenario de la sala y otra no menos crucial era la de habilitar salidas de emergencia. Los espectadores seguntinos que acudieron al día siguiente a la proyección cinematográfica se encontraron con la suspensión de la sesión y la devolución de los 35 céntimos de peseta que era el importe de los pases semanales de las películas. La continuidad del local quedaba herida de muerte y dio comienzo un tortuoso camino de incautaciones, exigencias de los derechos de reversión, pleitos, informes de juristas, apelaciones y un rosario de despropósitos que provocaron la ruina del edificio, y un deterioro que no fue irreversible por la fortaleza y reciedumbre de la construcción. En 1938, los destrozos se acentuaron después de haber acogido a la tropa durante un largo período de tiempo con especial incidencia en la puerta y las maderas, que probablemente las utilizarían como combustible en época invernal.

Fernando Sánchez Ruiz mantuvo una carpintería en los años 40 y 50. Era también propietario de un salón de baile en esa misma calle y junto al de Vicente Hernández Viagel que tenía otro local en la calle San Vicente, procuraban entretenimiento a la juventud en épocas anteriores. En diciembre de 1963, el ayuntamiento enajenó la instalación en un concurso subasta adjudicándolo a Sor Josefa Bouzas Retuerta, superiora del Hospital y Colegio de San José para una Escuela de Párvulos. El obispado compró el edificio el 30 de abril de 1987 a las Hijas de la Caridad y el obispo de la Diócesis firmó el 30 de marzo de 2004 con el entonces alcalde de la ciudad, Francisco Domingo, un convenio para la cesión en uso del antiguo Teatro por 75 años para Sala de representaciones teatrales, sala destinada a exposiciones, Centro de interpretación de Historia y Costumbres locales. El Plan de Dinamización Turística realizó una excelente rehabilitación del edificio que dejó la capacidad del edificio en 224 personas (16 filas de 14 butacas).

Ahora, El Pósito, como hace un siglo, mantiene la actividad cultural de la ciudad durante todo el año. Y para demostrarlo, justo a continuación, presentada por la concejala de Cultura, Sonsoles Arcones, y por Zoila Paradela, aficionada a la lírica que cada temporada deleita a los seguntinos con la proyección de obras del género, presentaron la actuación de la compañía El Barco, que dirigida por Mabel González, representó la zarzuela 'La Revoltosa'.
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